Para propiciar en el espectador las ganas de moverse construí un chaleco con sensores de movimiento que permitía al que lo vestía crear sonoridades en tiempo real, que a su vez detonaban la generación de imágenes visuales en una pantalla.
Funcionaba primeramente como un espectáculo escénico, en penumbra, donde sólo se iluminaban los cuerpos de los bailarines con las imágenes que ellos mismos provocaban. Posteriormente, los chalecos eran facilitados al público, que motivado por lo que había observado, por el sonido que generaba al moverse y el saberse no observado, comenzaba paulatinamente a dejarse llevar por el placer de bailar.
Créditos:
Idea original y programación: Cinthya González
Creadora escénica: Carla Ochoa
Asesor de programación: Edén Candelas
Asesoría sonora y visual: Colectivo Radiador
Fotografía: Alberto Delgado












